Mujer…¿voluble o cíclica? Tu eliges

Cuando tenía veintitantos me desarrolle profesionalmente en el ámbito de los Recursos Humanos. Era un deseo que había vibrado en mí desde que terminé la carrera y que se cumplió unos años después. Para mí poder trabajar en Recursos Humanos suponía conectar con lo que yo creía que era la parte más bella del mundo de la empresa:  acompañar a potenciar el talento, el desarrollo de habilidades para el desarrollo humano (soft-skills) y la formación tranformadora para guiar a las personas a dar lo mejor de sí mismas, a ser su mejor versión – de sí mismas-, en la empresa y contibuir a un mundo mejor. Como os podéis imaginar, mi burbuja (alta expectativa) sobre cómo sería mi trabajo se convirtió en una caricatura cuando me encontré con lo que me encontré. La empresa a la que llegué distaba como varios océanos en valores de lo que para mí significaban los Recursos Humanos. Aún así, me enamoré de la formación y de tener el placer de compartir trabajo con mujeres valientes y dispuestas a generar cambios en su vida y en las de los demás. Y, aunque mi experiencia fue increíble -de blanca a negra pasando por todos los grises- y  es también gracias a ella que hoy estoy aquí, mi gratitud hacia mí misma por haberlo dejado a tiempo es tan grande como mi gratitud por haberla vivido.

El contexto donde desarrollaba mi labor era un contexto tremendamente masculinizado a pesar de que la mayoría de las personas que trabajabamos allí éramos mujeres. Primaba la verticalidad, el resultado, era obligatorio vestir traje de chaqueta y pantalón (excepto los viernes tarde que podíamos vestir un poco más casual, ¡fijáos que despiporre!). Sé que muchas de vosotras lo conocéis. A mi me costaba mucho, muchísimo todo esto, pero tenía tanta ilusión por “cambiar el mundo” que dejaba en un segundo plano esas cuestiones y escribía, como hago desde que tengo uso de razón, para mantener mi alma viva y a salvo. Aún hoy conservo el diario de aquella época con un enorme rótulo “Porque aún encorsetada en trajes y estructuras siga conservando viva la esencia de mis sueños”.

Uno de los jefes tenía una gran habilidad para tener “el control del marco” (algún día os contaré sobre esto) que, básicamente, es algo así como decir la última palabra y manejar emocionalmente la situación. Un día comencé a darme cuenta de qué comentarios nos hacía “a las chicas” (éramos taannn jóvenes) y cómo las hacía. Con una enorme sonrisa me dijo un día: “Qué contenta te veo, Marta”. Unos días después: “Parece que estás cansada”. A la siguiente semana: “¡Pero dónde está esa chica con energía!”. Y así, haciendo llamadas de atención sobre mi estado: “Pareces hoy tan tímida”… Tras unas semanas mi deseo de verlo colgado con los huevos bien atados de la plaza mayor de la ciudad iban en aumento. Sí, sí. Ya lo sé. Esto es políticamente incorrecto, bla, bla, bla. Pero las “emociones crudas” no se pueden ni deben juzgar. Lo sentía y lo pensaba así. Lo deseaba con ardor… Mi rabia era tan grande que quería aniquilarlo, poco a poco…

La gota que colmó el vaso llegó un poco después, cuando en uno de esos comentarios sentenció: “Marta, eres muy voluble”. En ese momento, un torrente de lava rojo carmesí, espesa y caliente ascendió desde mis ovarios, atravesando mi estómago, mi garganta, a punto de estallar para arrasar todo lo que encontrara a su paso… pero, desgraciadamente, se quedó allí. Quemando mi garganda, abrasándome por dentro. Me quedé seca, muda, con un torrente de lágrimas que caían en cascada hacia adentro y apagaban el fuego, dejandome ahogada entre el humo y las cenizas. Tosí.

Este hecho me dejó tocada durante mucho tiempo. Me parecía que se merecía una muerte más lenta, gota a gota como la tortura china de la gota de agua. Sí, era lo que venía mejor en este caso. Pero la rabía que sentía hablaba de un dolor mucho profundo como supe después. Aquella flecha envenenada había hecho diana en mis aguas más profundas.

Siempre he creído en la magia de la vida, en lo sutil, en lo que nos sostiene aún cuando es invisible a los ojos. Hice un pequeño ritual y pedí ayuda a quien pudiera dármela.  Unos días después – casualidad o causalidad- llegó a mis manos un artículo de periódico -de esos maravillosos que leía sentada en una cafetería  titulado: “Las mujeres que hay en ti”. Corrí a la biblioteca y horas después, devoraba con avidez “La luna Roja”, de Miranda Gray.

Aquel encuentro con el ciclo de la luna y mi ciclo menstrual, aquel encuentro con la danza bellísima de mi cuerpo transitando por cuatro estados, cuatro momentos de energía, cuatro arquetipos femeninos – la doncella, la madre, la hechicera y la anciana- fue uno de los despertares más importantes de mi vida.

Lloré con la lectura del libro que, para nada es un libro escrito para llorar. Lloraba el gozo del encuentro y la rabia de haber sido desconectada de lo que me pertenecía por derecho. Comencé un duelo. Y, a esos veintitantos empecé a aprender una de las lecciones vitales más relevantes para mi crecimiento personal:

“Todo lo que es capaz de causarme dolor desde ahí afuera, es porque existe dentro de mi”

En ese momento entendí que mi jefe era el mensajero. Y, por supuesto yo quería matarlo. Es lo primero que aprendemos: a matar al mensajero. Era demasiado duro enfentarme con la realidad de que yo misma, dentro de mí, llevaba años sin escucharme, sin atender mis necesidades, sin moverme respectando mis ritmos, mis ciclos, en definitiva, mi esencia femenina. Era demasiado duro aceptar que no lo había aprendido, que , desde pequeña, mis modelos femeninos tampoco lo habían hecho.

Desaté los huevos de mi jefé y retiré la gota de agua. Lo liberé a él. Me liberé a mi. Ahora mi cuerpo estaba lleno de un agua cristalina y una energía vibrante y comencé un camino de escucha. Empecé a apuntar en una libreta mis ciclos y cómo estaba.

Pero, el cambio más transformador fue que me sentí bendecida por ser mujer. Sentí un infinito amor a mi naturaleza cíclica y me enamoré de mis cambios, de mis emociones, de mis deseos y mis necesidades a lo largo del “ciclo de mi luna”.

En muchas culturas se dice “Hoy tengo mi luna”, en lugar de hoy tengo la regla o la menstruación. Me parece bellísimo. Las palabras crean realidades, nos transforman en quienes somos.

Después de este episodio han aparecido personas que han expresado y expersan sus opiniones sobre mi: “qué rara estás hoy”, “con lo alegre que eres tu, ¿qué te pasa?”, etc. O situaciones que me exigen lo que yo no estoy en disposición de dar. Eso sigue ocurriendo. La vida es así. Yo también expreso mis opiniones. Yo también exijo.

Pero, ahora,  ya no solo no me tocan, ni me duelen, ni me agitan esas palabras, sino que “me llenan de orgullo y satisfacción, jajajja”. Porque yo por dentro sé que estoy como mi cuerpo y mi alma me piden que esté.

Me respeto y venero mi naturaleza femenina. Y sigo aprendiendo a descansar cuando lo necesito, a meter caña cuando me apetece, a reclamar mis espacios, etc aunque aún, a día de hoy, no siempre lo consigo. Work im progress!

Estamos a las puertas del equinoccio. Para mi es un momento muyyy especial del año. Os lo contaré en el próximo post y os tengo preprardo algo muy especial.

Para terminar, como siempre:

¡TÚ TIENES LA PALABRA!

Te animo a escribir en los comentarios tus tomas de consciencia leyendo el post.
Si eres de las que habitualmente se “cortan” en escribir, no participas, sueles no expresar aunque te apetezca, ¿por qué no empezar hoy mismo a cambiar las cosas?

Todas estamos encantadas y deseosas de leerte.

Gracias de corazón, por estar ahí.
Un abrazo.

 

Fotografía
Ivan Samkov

 

 

 

 

 

 

 

12 comentarios en “Mujer…¿voluble o cíclica? Tu eliges”

  1. Ole…que hermoso leerlo Marta, yo ando cerrando unos meses de escucha y cuido…de reconexión con mis ciclos tras casi dos años sin menstruación por el embarazo y puerperio, para mi este es el reto en mayúsculas. En primer lugar, una soberanía económica conectada con mis ciclos y desde ahí contribuir a que esta visión se expanda en este sistema lineal….
    ¿Cómo funcionaría el sistema educativo con este cambio de paradigma?
    Seguimossss, gracias por compartir tus reflexiones.

    1. Ole mi Martita !!! Tu historia me ha llevado a mí infancia, cuando ya de niña quería ser arquitecto, 🤩🤩🤩, cuando las profes (sí maestras) me repetían una y otra vez que era rara por observar, dibujar y escribir mi entorno y olvidarme de las personas 🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️ cuando en el instituto las profes ( sí mujeres con carrera) aún con una matrícula de honor en mis manos intentaban convencer a mis padres que no sería capaz por ser mujer 😔😔 cuando mi tía abuela me repetía una y otra vez, vales un Potosí qué pena hayas nacido mujer en este mundo …. Empecé a trabajar y, aún siendo afortunada en elegir, las entendí a todas y cada una de ellas, dejé de juzgarlas y conseguí soltar todo el daño que me habían hecho, fue duro pero a la vez liberador. El machismo instaurado, la especulación sin más, el todo vale por competir, las traiciones, los intereses, don dinero,…, mi gran decepción con la “arquitectura” hizo que se tambalease mi esencia. Me alejé, desde la distancia la seguí observando, me reconcilie con mis sueños y ahora sé que la arquitectura sigue viva en mí. Gran error ponerle los límites que mandaban los cánones 🥵🥵🥵 ahora sé que soy rara 😅😅 pero encantada con todas y cada una de mis rarezas 💫💫💫 de la luna mejor no os cuento que tengo para rellenar tres páginas. (Iris perdona creo va colgado de tu maravillosa aportación pero desde el móvil no consigo copiar y pegar) buenas noches hermosas y brillantes lunas !!!

  2. Buenas tardes!! Muy iluminadora la lectura, vemos lo que somos!!!

    Mataría hoy a mi compi, ahora igual a mi misma🤦🏻‍♀️🧐

    Me lo haré mirar…
    Y ya os adelanto, que sin lunas!!!! Y se sigue siendo cíclica!!! Marta ya no hay más cambio posible, salvo firme propósito de trabajar estos aspectos 🤦🏻‍♀️

    Ahora lo pienso, con los bigudíes puestos!!! Me dará tiempo en la pelu

    😘😘

  3. ME HA ENCANTADO TU EXPERIENCIA, sobre todo la frase: “HOY TENGO MI LUNA”. Siempre me ha gustado la luna…
    Nunca he leído aún sobre este tema, pero he encontrado el libro de la Luna Roja en internet en pdf y ya me lo he descargado para leerlo en cuanto pueda.
    Gracias por compartir tus descubrimientos.

  4. Madre mía!! cuántas historias, episodios, emociones me desatan tus palabras, Marta.
    Mi primer trabajo también fue en una empresa exactamente igual que la que describes y me sacaba de mis casillas que me pidieran ir más maquillada, “más femenina”. Como sabía que no iba a durar mucho porque tenía 19 años y estudiaba al tiempo la carrera (y porque mi naturaleza no lo permitía) nunca me callé pero lloré, sufrí, discutí,…
    En el resto de mis trabajos fue parecido incluido en el que estoy que es la administración porque actitudes machistas están por doquier. Mi maestra espiritual fue una directora general con la que actualmente me llevo de maravilla pero que sacó mi peor parte y viéndome ahí me entró una enorme tristeza de no saber hacerme valer sin mostrarme dura, fuerte e inamovible. Ahora me siento junco y no tengo necesidad de entrar en conflicto, no veo el ataque, veo la oportunidad de mostrar mi más pura esencia (aunque me tachen de “flipada”, “espiritual” o lo que quieran. Es un placer ver las caras de desconcierto de las personas que me miraban con ganas de batalla porque yo me tensaba. He sufrido tanto, me duraba horas, días, tertulias y excusas interminables que llegué a darme cuenta de que estaba dando una imagen fuera de la que yo me sentía libre y feliz, de mi verdadera naturaleza.
    De vez en cuando me da la flojera pero nunca he vuelto a esa batalla. Me retiro a mi cueva y allí paso el tiempo necesario hasta que los cables vuelven a conectar sin cortocircuitos.
    Qué bello es crecer!!!! Qué bello es envejecer, serenarse, conectarse…..esto te lleva y se llega a esa atención plena cada vez más mantenida.
    Gracias Marta por recordarme que soy gracias a lo que fui y a los que me encontré en mi camino.
    Un abrazo enorme!!!

  5. el gran ciclo de las mujeres, todos los meses me hacen recordar que soy mujer. yo le llamo mi prima. Esa prima toca narices que viene a incordiar unos dias y no ves cual es la ventaja que haya venido. pero al final te das cuenta que si te ayuda. con la disculpa de su visita, muchas sacas todo aquello que piensas y lo gritas. aunque pocas veces te escuchen, pero ya has descargado. otra ventaja es pensar en ese poder que nos han dado a las mujeres, poder tener hijos es algo que muchas habéis vivido, puede verse como algo inutil. pero bueno, depende del color de pelo con el que venga mi prima… lo importante es no caer en sus agujeros, y tener que andar buscando cuerdas para salir …

  6. Genial Marta. Me encanta leerte, tan verdadero todo lo que dices. Y además me divierte el tono y la forma, muy bueno.
    Yo creo que ando por la hechicera, aún falta un poquito para la anciana, aunque sé que en mí están todas, las cuatro. Ya no espero mis lunas cada mes, ahora nado en aguas tranquilas camino de la nada infinita y plena, vacía y completa, completando el círculo.
    Gracias por estos hermosos momentos que nos haces vivir a través d tus reflexiones y experiencias.

  7. Que casualidad, estoy tirada en el sofa, despues de un dia, pero en realidad en una larga semanas de casi 15 dias, estoy tirada porque estoy con mi Luna…. y en tantos sentidos, que te contare… entre ellos, decidiendo que luna me tatuo, porque estoy en mi piso de la Plaza del Conde… “Luna”.
    Mil cosas me resuenan cuando te leo, la mas, que es un lujo hacerlo. Mil gracias😘

  8. Ja, qué curioso. Yo no he leído el libro “Luna Roja” pero lo leeré. Lo que sí puedo contar es que me hago llamar en foros y chats “Reina de la luna” desde siempre. Será coincidencia?. No lo creo, yo creo en la causalidad y esa luna tiene algo que atrapa e hipnotiza.
    Respecto a las experiencias frustrantes en el mundo empresarial y profesional, creo que esas malas experiencias nos hacen crecer aún más como mujeres, nos aportan sabiduría para el día a día y nos hacen madurar. Hasta el punto que llega a importarte muy poco comentarios que, en otro momento, dolerian tanto que, hasta piensas que es culpa tuya o que no estás a la altura. Comienzas a plantearte si realmente vales para eso o es tu sitio y he de decir que sólo la fortaleza de superar esos desprecios, faltas de tacto y hasta de respeto, son las que no hacen crecer, nos fortalecen y hacen que nos superemos. Yo también tengo un mantra que comparto con vosotras. “Puedo con esto y con lo que venga” hay días que me lo repito muchas veces y otros, en cambio, no me lo tengo que decir. Hoy en día estoy satisfecha conmigo misma y con la actitud que tengo ante la vida. Nada me ofende y nada me detiene y si tengo que parar los pies a alguien o dar un puñetazo encima de la mesa, lo hago. Después me siento tan bien…

  9. Teresa Varela García

    Me encanta escucharte Marta, me resuena tanto todo lo que dices!!!. Yo también llegué a esa conclusión hace tiempo. Mi hermana (también psicóloga) ha publicado hace unos meses un libro (“El Fruto en hebra”, Violeta Varela García, Uno Editorial) sobre la menstruación y como nos influye en todos sus ámbitos (bio-psico-social). Os lo recomiendo. Debemos escuchar más nuestro cuerpo, respetar nuestros ritmos, entendernos, amarnos…
    Gracias Marta!!

  10. Ay, Marta! Tú te leíste el libro a los ventitantos, yo me lo le leí el año pasado con más de 40!!! Y todavía me cuesta, pero sí, mucho mejor!!! Yo por fin sé que soy cíclica, como todas, como la luna, las estaciones, aún así, me conecto y me desconecto, ainsss y me sigo cuestionando y a veces desanimado cuando tengo un día con baja energía, o irritabilidad, nerviosismo, etc, Pero poco a poco, y más sabiendo còmo sé que en este camino hay muchas mujeres (que no estoy sola! ), me siento mejor y con fuerzas para decirme: ” Eh, Belën, que no te pasa nada malo, que eres una mujer, y estos días estás con la hechicera”(o la que toque). En fin qué gusto da!

  11. Jolines Marta , me quedo alucinada , la verdad que yo después de pensar que mi vida estaba tranquila y que podía formarme un poquito ,,, ufffff se va todo a la mierda toda tu vida cambia de 1 día para otro de repente te ves en ese abismo, ese precipicio tan alto que parece que te vas a caer , aveces no puedes respirar, pero seguimos aquí luchando experimentando que soy más fuerte de lo que creía y sobre todo aprendiendo de toda esta experiencia ,MUJERES ME APORTAIS MUCHA SABIDURIA GRACIAS A TODAS LUCHADORAS CICLICLAS

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